Una apuesta ecológica con sello propio

En la Escuela Carlos María Sayago, uno de nuestros sellos distintivos es el compromiso con el cuidado del medioambiente, y el huerto escolar es una de las iniciativas más representativas de este compromiso. Bajo la coordinación de la profesional Valentina Casanga, y con la participación activa de 35 estudiantes, el huerto se ha transformado en un espacio vivo de aprendizaje, conciencia ecológica y trabajo colaborativo.

Este proyecto no solo fomenta la educación ambiental, sino que también promueve la autonomía y la responsabilidad. Una de las prácticas más significativas que desarrollamos es el reciclaje de residuos orgánicos, los cuales son recolectados en el mismo establecimiento por estudiantes y docentes. Estos residuos se utilizan para la elaboración de compost orgánico, permitiendo observar y aprender del proceso natural de descomposición que transforma los desechos en un abono rico en nutrientes para las plantas.

Además del proceso de compostaje, nuestro huerto incluye una etapa fundamental: el envasado y etiquetado del compost. Los propios estudiantes diseñan sus etiquetas, las ilustran con creatividad y las colocan en los envases, lo que no solo fortalece su sentido de pertenencia, sino que también les permite comprender el valor del trabajo en equipo y la importancia de cada etapa del proceso productivo.

Esta experiencia ha convertido al huerto escolar en mucho más que un espacio verde; es un verdadero laboratorio ecológico, donde se cultivan no solo plantas, sino también valores, conciencia ambiental y un profundo respeto por la naturaleza.

En la Escuela Carlos María Sayago seguimos sembrando futuro, porque educar también es cuidar el planeta.

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